lunes, marzo 03, 2008
El amor en los tiempos del Siglo XXI
Suelo valerme de la poesía para expresar aquellas sensaciones que para mí superan el entendimiento racional, que son difícilmente narrables, describirlas con el lenguaje habitual. Por eso en ocasiones el lector no comprende o exclama ¡¿eso es todo?!
Porque cuatro, cinco o seis versos pueden llevar más sentimiento y pueden hacer comprender más que un extenso ensayo sobre la igualdad, la comprensión o el amor.
El amor.
¿Cuánta gente se despierta cada día enamorada?
Jamás un sentimiento tan desconocido y caprichoso fue tan global. Pero, ¿qué es? ¿Cómo reconocerlo? ¿Cuánto dura?
Son tantas las preguntas a las que no podemos responder que podríamos pensar que ni siquiera sea algo que existe de verdad.
Hay quien dice que el hombre da amor a cambio de sexo y la mujer sexo a cambio de amor. Yo creo que quien así piensa es porque el amor no le ha atrapado.
En algunas materias se utiliza la eliminación a la hora de definir términos o teorías complejas, también en este caso puede adaptarse. El amor no es atracción sexual (al menos no solamente) no es capricho pasajero ni estabilidad económica. El amor no es una buena apariencia ni un engaño perpetuo. No es algo trivial, acto casual o interesado.
Pero está ahí, como el viento, sin verlo. Podemos sentirlo, escucharlo.
Entonces, ¿será acaso una atracción superior a lo físico, una sensación superior al capricho que no busca ninguna estabilidad más que la emocional? ¿Será el amor una verdad absoluta (por no ser un engaño perpetuo), algo sumamente relevante?
El lenguaje poético es así, es el lenguaje de las interpretaciones líricas, del sentimiento. Unos versos no cuentan una crónica de sucesos palpables, intentará ejemplificar, desconcertar o hacer que se intuya el mensaje. También, según el autor y el momento, podrá ser sencillo y fácilmente comprensible, no por ello menos romántico o musical.
Me gusta estar enamorado, y lo estoy hasta los huesos. Estoy enamorado de la vida, de cada respiración, de cada sentimiento que expreso, del águila que sobrevuela los campos, del rechinar del camión de la basura. Un paseo campestre o una caminata urbana, disfruto a cada paso, en su caso.
Si no se puede vivir del amor,
tampoco es digno sin belleza.
Si no se puede vivir sin sabor,
tampoco es digno con tristeza.
La gente suele centralizar el sentimiento del amor en una persona de sexo opuesto (o no) con la que se comparten muchas cosas. También con familia, amigos y demás. Yo amo tantas cosas que las que aborrezco no me producen desasosiego. Pero no puedo decir que el sentimiento de estar enamorado, de compartir trayecto con una persona que te comprende y que pisa sobre tus huellas (y otras veces tú sobre las suyas), sea algo diferente al amor. Creo que es un gran punto de inflexión en la vida de las personas el momento en que lo sientes. A veces se deforma y se pierde, es una carretera sin asfaltar, cargada de guijarros y algún que otro canto rodado, pero no deja indiferente.
Mis versos en incontables ocasiones se han dirigido tanto al amor en general como al experimentado hacia una persona.
Alisios roces los de tu mano
sobre la espuma marina,
estáticos vientos del cambio
que tramontan nuestro destino.
Nubes llevadas por tu poniente y suavidad
en nuestra senda al barlovento.
Mi brisa de los vientos
de pasión monzónica,
tropical e indómita.
Te amo porque te veo,
y sé que tú me contemplas
desde donde estás,
por el ojo de la cerradura
de nuestro huracán.
a Brisa Mar
“Somos pequeños en nuestro amor. Es plancton, un pequeño puntito en el mar, pero que puebla todos los océanos. No se ve ni se toca, pero todas las criaturas se alimentan de ello, lo perciben. Es un diminuto moho, escamoso e insignificante, pero que cubre las rocas y montañas enteras, que llena de color las grises cumbres. Así es nuestro amor, insignificante para el mundo, pero se encuentra en todas partes. Nos alimenta y nos llena de color.”
Pero las palabras del sentimiento tienen mucho más que expresar que las de la razón, en este caso. Las metáforas, la rima, la musicalidad, la métrica y el juego de palabras consiguen rodear al lector de algo más, de una especie de complicidad, de comprensión sensorial ante lo impreso en los versos por el autor. Si esto es así, el poeta habrá conseguido su meta: inspirar su sentimiento a otros, hacer que personas que sienten identifiquen a partir de unos versos recitados algo que tienen o alguna vez tuvieron.
Eso, para mi, no tiene precio. Es parte de lo que nos hace ser humanos, el comprendernos unos a otros, el reflejar nuestra igualdad frente al odio y la inquina vecinal que puebla la sociedad de la competitividad, el consumo y la superioridad actual. Es un punto de inflexión.
La noche es nuestra manta,
la Luna nuestra lámpara,
nuestros cuerpos unidos son la belleza de la noche encarnada,
y nuestro amor es tan grande como la negrura de la noche oscura.
Un escritor dijo hace poco que “el que imagina una historia y convence a un montón de lectores es un poco Dios” (José María Guelbenzu). Yo quiero ir más allá, quiero que sientan lo que siente el personaje, el autor, que experimenten amor como Romeo y Julieta.
Pero en los tiempos del Siglo XXI el amor está levemente corrompido. Tal vez la idealización nos ha llevado a su caída. Al menos eso parece al dar un vistazo por la sociedad. El amor no es noticia y se ha desvirtuado hasta el punto de no contemplarse a la hora de forjar una relación o de deshacerla. El amor como apego existe y más que nunca, por eso se confunde tan a menudo con el deseo, con el apego.
Sin embargo el mítico sentimiento existe por cada persona que daría su vida por la felicidad de otra, por cada padre que se sacrifica por su hijo, por cada proeza de enamorado. Nada tiene mayor recompensa, por dura que haya sido la tarea, que ver reflejada en otra cara la sonrisa del amor.
Porque cuatro, cinco o seis versos pueden llevar más sentimiento y pueden hacer comprender más que un extenso ensayo sobre la igualdad, la comprensión o el amor.
El amor.
¿Cuánta gente se despierta cada día enamorada?
Jamás un sentimiento tan desconocido y caprichoso fue tan global. Pero, ¿qué es? ¿Cómo reconocerlo? ¿Cuánto dura?
Son tantas las preguntas a las que no podemos responder que podríamos pensar que ni siquiera sea algo que existe de verdad.
Hay quien dice que el hombre da amor a cambio de sexo y la mujer sexo a cambio de amor. Yo creo que quien así piensa es porque el amor no le ha atrapado.
En algunas materias se utiliza la eliminación a la hora de definir términos o teorías complejas, también en este caso puede adaptarse. El amor no es atracción sexual (al menos no solamente) no es capricho pasajero ni estabilidad económica. El amor no es una buena apariencia ni un engaño perpetuo. No es algo trivial, acto casual o interesado.
Pero está ahí, como el viento, sin verlo. Podemos sentirlo, escucharlo.
Entonces, ¿será acaso una atracción superior a lo físico, una sensación superior al capricho que no busca ninguna estabilidad más que la emocional? ¿Será el amor una verdad absoluta (por no ser un engaño perpetuo), algo sumamente relevante?
El lenguaje poético es así, es el lenguaje de las interpretaciones líricas, del sentimiento. Unos versos no cuentan una crónica de sucesos palpables, intentará ejemplificar, desconcertar o hacer que se intuya el mensaje. También, según el autor y el momento, podrá ser sencillo y fácilmente comprensible, no por ello menos romántico o musical.
Me gusta estar enamorado, y lo estoy hasta los huesos. Estoy enamorado de la vida, de cada respiración, de cada sentimiento que expreso, del águila que sobrevuela los campos, del rechinar del camión de la basura. Un paseo campestre o una caminata urbana, disfruto a cada paso, en su caso.
Si no se puede vivir del amor,
tampoco es digno sin belleza.
Si no se puede vivir sin sabor,
tampoco es digno con tristeza.
La gente suele centralizar el sentimiento del amor en una persona de sexo opuesto (o no) con la que se comparten muchas cosas. También con familia, amigos y demás. Yo amo tantas cosas que las que aborrezco no me producen desasosiego. Pero no puedo decir que el sentimiento de estar enamorado, de compartir trayecto con una persona que te comprende y que pisa sobre tus huellas (y otras veces tú sobre las suyas), sea algo diferente al amor. Creo que es un gran punto de inflexión en la vida de las personas el momento en que lo sientes. A veces se deforma y se pierde, es una carretera sin asfaltar, cargada de guijarros y algún que otro canto rodado, pero no deja indiferente.
Mis versos en incontables ocasiones se han dirigido tanto al amor en general como al experimentado hacia una persona.
Alisios roces los de tu mano
sobre la espuma marina,
estáticos vientos del cambio
que tramontan nuestro destino.
Nubes llevadas por tu poniente y suavidad
en nuestra senda al barlovento.
Mi brisa de los vientos
de pasión monzónica,
tropical e indómita.
Te amo porque te veo,
y sé que tú me contemplas
desde donde estás,
por el ojo de la cerradura
de nuestro huracán.
a Brisa Mar
“Somos pequeños en nuestro amor. Es plancton, un pequeño puntito en el mar, pero que puebla todos los océanos. No se ve ni se toca, pero todas las criaturas se alimentan de ello, lo perciben. Es un diminuto moho, escamoso e insignificante, pero que cubre las rocas y montañas enteras, que llena de color las grises cumbres. Así es nuestro amor, insignificante para el mundo, pero se encuentra en todas partes. Nos alimenta y nos llena de color.”
Pero las palabras del sentimiento tienen mucho más que expresar que las de la razón, en este caso. Las metáforas, la rima, la musicalidad, la métrica y el juego de palabras consiguen rodear al lector de algo más, de una especie de complicidad, de comprensión sensorial ante lo impreso en los versos por el autor. Si esto es así, el poeta habrá conseguido su meta: inspirar su sentimiento a otros, hacer que personas que sienten identifiquen a partir de unos versos recitados algo que tienen o alguna vez tuvieron.
Eso, para mi, no tiene precio. Es parte de lo que nos hace ser humanos, el comprendernos unos a otros, el reflejar nuestra igualdad frente al odio y la inquina vecinal que puebla la sociedad de la competitividad, el consumo y la superioridad actual. Es un punto de inflexión.
La noche es nuestra manta,
la Luna nuestra lámpara,
nuestros cuerpos unidos son la belleza de la noche encarnada,
y nuestro amor es tan grande como la negrura de la noche oscura.
Un escritor dijo hace poco que “el que imagina una historia y convence a un montón de lectores es un poco Dios” (José María Guelbenzu). Yo quiero ir más allá, quiero que sientan lo que siente el personaje, el autor, que experimenten amor como Romeo y Julieta.
Pero en los tiempos del Siglo XXI el amor está levemente corrompido. Tal vez la idealización nos ha llevado a su caída. Al menos eso parece al dar un vistazo por la sociedad. El amor no es noticia y se ha desvirtuado hasta el punto de no contemplarse a la hora de forjar una relación o de deshacerla. El amor como apego existe y más que nunca, por eso se confunde tan a menudo con el deseo, con el apego.
Sin embargo el mítico sentimiento existe por cada persona que daría su vida por la felicidad de otra, por cada padre que se sacrifica por su hijo, por cada proeza de enamorado. Nada tiene mayor recompensa, por dura que haya sido la tarea, que ver reflejada en otra cara la sonrisa del amor.
miércoles, marzo 21, 2007
Recuerdos del mensaje de los Dioses
He vuelto a saber de un viejo investigador de hace unas décadas, un gran descifrador, un mito de la para-arqueología, alguien de quien no sabía desde aquellos libros viejos de mi padre que descubrí en la juventud.
Estoy hablando de Erich Von Däniken.
Gracias a las tecnologías de estos últimos años he podido encontrar, en Internet, varias películas basadas en sus libros (con sus mismos títulos), que hoy en día llamaríamos documentales. “Recuerdos del futuro” o “El mensaje de los dioses” son algunos de ellos (libro y película).
En estas series de libros y “películas” Däniken daba su particular visión (y la de otros muchos) de los antiguos mitos religiosos con creencias en dioses, a partir de las representaciones de los mismos por parte de todas las culturas deídicas del mundo. Tanto en los mencionados libros como en las películas, se nos ofrecen siempre fotografías y vídeos para que uno mismo juzgue las conclusiones como le plazca, algo que no deja indiferente en muchos de los casos. Éste grupo de investigadores liderado por Von Däniken creía en una intervención extraterrestre en el pasado más antiguo de la humanidad, ya fuese para provocar nuestra aún misteriosa evolución o para dejarnos un mensaje, el mensaje de los dioses.
Para corroborar esta inverosímil (¿o no tanto?) teoría, el suizo nos llevó por todo el mundo enseñándonos imágenes mayas muy antiguas con hombres portando relojes de pulsera, luces en los cascos, aparatos similares a algunos actuales e incluso aquel grabado en piedra donde un hombre con mochila y cables parecía conducir o pilotar un vehículo a motor. También las ruedas voladoras de los tratados chinos más antiguos comparándolas con las ruedas sagradas de los primeros artistas cristianos, las construcciones megalíticas de imposible construcción como las pirámides de Egipto, Stonenghe o los Maois de la Isla de Pascua. Todo esto fue un bombazo en los años setenta (su primer libro es del 68) y su ritmo de popularidad, ventas y economía se disparó. Hasta tal punto que consiguió subvención para un parque temático en los Alpes de unos 100.000 metros cuadrados con réplicas de las pirámides de Gizah o Chichén Itzá, entre otras, todo ello aderezado de figuras extraterrestres de lo más variopinto.
Pues entre las perlas del documental que me he visto recientemente (y la música que recuerda a “Érase una vez la vida”) me he topado con curiosidades dignas de mención. De hecho hasta hace poco en una serie de documentales que J.J.Benitez nos ofrecía titulados “Planeta Encantado” (también muy entretenidos, por cierto, y recomendables para todos los amantes del género) hablaba también sobre las piedras de Ica y sus estupendos y maravillosos grabados que, de ser ciertos, desbaratarían la Historia conocida. Pero no lo eran, Basilio confesó que ostentaba la autoría de la creación de los grabados incluso al mismísimo Däniken años atrás. Ahora las venden por toda la zona como baratija o souvenir.
Sin embargo, la vehemencia con la que expone sus argumentos en el documental (léase en sus libros, también) no me hace sino plantearme incluso los pilares de la existencia misma, de la Ciencia con mayúscula. Entre todos esos “indicios sin parangón” encontré otra delicatessen: las huellas homínidas junto a las de saurios encontradas en Utah en el 68. Algo que, de ser cierto de nuevo, nos destrozaría la aparición del hombre a unos ¡300 o 600 millones de años!
Pero aquello también fue desmentido rápidamente ya que no se tenía muy en pie, valga la analogía, cosa que sucedió en otros diversos lugares y que no fueron sino fruto de erosiones naturales o similares. En fin.
Las preguntas que lanza al aire una detrás de otra tanto en los libros como en estas pequeñas películas ochenteras no son para tomar a risa porque otros científicos hayan respondido a algunas de ellas, sino todo lo contrario, deberían tomarse muy en cuenta, y sobre todo para aquellos escépticos, a la hora de realizar las investigaciones. Es duro ser imparcial, completamente objetivo y observador, pero más duro es creer en el desprestigio barato y consensuado. Las preguntas que expone deberían ser tenidas en primera línea de investigación para los mecenas del género, para los bienllamados investigadores ya que, sea por escepticismo o por creencia, son preguntas que hasta el momento no tienen respuesta.
Preguntas sin respuesta. ¿Hay mayor aliciente para comenzar a estudiar los enigmas?
Däniken nos habla (voy a prescindir, si me lo permiten, de una mayor documentación ya que hablaré de ello como enlace a la cuestión) de una tribu bastante primitiva que habitaba en cierta isla oceánica, la cual fue invadida por el ejército alemán en la segunda de las grandes guerras. En ella el ejército repostaba sus aviones y tenía ciertas bases de comunicación, como punto estratégico. Después del término de la guerra y de la huída de los arios, se observaron en los nativos ciertas “prácticas rituales” y tradiciones que llamaban la atención. Una de ellas consistía en reproducir el “pájaro de los dioses”, que no era sino un avión de la guerra hecho de paja, vehículo que utilizaban aquellos seres extraños que venían y volvían del cielo, y que, además, no tenían que cazar cada día para alimentarse.
Su percepción de aquellos hombres arribando desde el aire, de sus extrañas vestimentas, artilugios, idioma, tecnología y recursos les hizo creer lo que para ellos eran: dioses. Desde el punto de vista de que un dios es una persona elevada, en todos o en muchos sentidos.
Éste es solamente un ejemplo, puede que mañana ésta isla fuese un invento de Dänikenlandia (como dicen algunos) o nunca hayan estado allí los alemanes, pero el ejemplo es igualmente válido. ¿Qué veríamos nosotros, curtidos en tecnología y conocimientos, en las carnes de aquellos primeros que relataron sus relaciones con dioses? Tal vez nada, o tal vez veríamos las respuestas. Tal vez viéramos a un erudito pluma en mano durante horas expresando su amplia imaginación a petición del gobernante de turno. Tal vez un ser, del cielo, de otro plano, de otro planeta, nos daría respuestas comprensibles para nuestra capacidad actual. Tal vez aún no estemos capacitados ni para saber qué preguntar.
Y, sí, este hombre es un ideólogo, un falaz histórico y una persona con una imaginación considerablemente alarmante. Esto, en su día, seguramente lo hubiesen escuchado personajes como Julio Verne o el mismísimo Homero (¡quién nos iba a decir hace un siglo que Troya existió de verdad!). Ya que en la actualidad se sigue debatiendo la verosimilitud de los increíbles sucesos de la Biblia, Ilíada, y porqué no Atlántida o Divina Comedia. Si deberíamos estar acostumbrados a estas tendencias, a lo delicioso de retorcer argumentos históricos para encuadrar el transcurso de una novela de ficción, eso sí, lo más creíble posible. Tenemos un ejemplo de hace unos años: “El código Da Vinci”, del cual aún se sigue diciendo, y otros siguen ganando. ¿Por qué? Porque a la gente le interesa saber, necesita creer e indagar en lo más oscuro de nuestras raíces filosóficas, culturales o teológicas. Supersticiosas. No solo creo que Erich Von Däniken ha hecho mucho por el pensamiento moderno, sino que ha hecho más que los que, como en el caso anterior, se han cubierto de pedantería y han ido chupando rueda mientras desmentían datos que nunca fueron afirmados con mayor sentido que el de hacerse cuestionar lo socialmente aceptado.
Para mí el caso de las piedras de Ica o el de las huellas de Utah no fue más que un recurso literario, igual que la altura desmedida de las pirámides o el descubrimiento de Troya, argumentación para dar credibilidad, algo sin lo cual la idea pierde fuerza y tiende a no trascender. ¿Acaso alguien cree que la Ilíada es literalmente verídica sólo porque fueron descubiertas las que parecen ser ruinas de Troya? ¿Pues entonces por qué eliminamos las preciosas y maravillosas buenas preguntas que Däniken nos hacía? ¿Acaso son ahora menos bellas las aventuras de Ulises y Aquiles?
Sólo espero que algún día, en el futuro más lejano, alguien mire hacia atrás y se dé cuenta de que también Däniken relató, sin saberlo, un “De la Tierra a la Luna”.
Estoy hablando de Erich Von Däniken.
Gracias a las tecnologías de estos últimos años he podido encontrar, en Internet, varias películas basadas en sus libros (con sus mismos títulos), que hoy en día llamaríamos documentales. “Recuerdos del futuro” o “El mensaje de los dioses” son algunos de ellos (libro y película).
En estas series de libros y “películas” Däniken daba su particular visión (y la de otros muchos) de los antiguos mitos religiosos con creencias en dioses, a partir de las representaciones de los mismos por parte de todas las culturas deídicas del mundo. Tanto en los mencionados libros como en las películas, se nos ofrecen siempre fotografías y vídeos para que uno mismo juzgue las conclusiones como le plazca, algo que no deja indiferente en muchos de los casos. Éste grupo de investigadores liderado por Von Däniken creía en una intervención extraterrestre en el pasado más antiguo de la humanidad, ya fuese para provocar nuestra aún misteriosa evolución o para dejarnos un mensaje, el mensaje de los dioses.
Para corroborar esta inverosímil (¿o no tanto?) teoría, el suizo nos llevó por todo el mundo enseñándonos imágenes mayas muy antiguas con hombres portando relojes de pulsera, luces en los cascos, aparatos similares a algunos actuales e incluso aquel grabado en piedra donde un hombre con mochila y cables parecía conducir o pilotar un vehículo a motor. También las ruedas voladoras de los tratados chinos más antiguos comparándolas con las ruedas sagradas de los primeros artistas cristianos, las construcciones megalíticas de imposible construcción como las pirámides de Egipto, Stonenghe o los Maois de la Isla de Pascua. Todo esto fue un bombazo en los años setenta (su primer libro es del 68) y su ritmo de popularidad, ventas y economía se disparó. Hasta tal punto que consiguió subvención para un parque temático en los Alpes de unos 100.000 metros cuadrados con réplicas de las pirámides de Gizah o Chichén Itzá, entre otras, todo ello aderezado de figuras extraterrestres de lo más variopinto.
Pues entre las perlas del documental que me he visto recientemente (y la música que recuerda a “Érase una vez la vida”) me he topado con curiosidades dignas de mención. De hecho hasta hace poco en una serie de documentales que J.J.Benitez nos ofrecía titulados “Planeta Encantado” (también muy entretenidos, por cierto, y recomendables para todos los amantes del género) hablaba también sobre las piedras de Ica y sus estupendos y maravillosos grabados que, de ser ciertos, desbaratarían la Historia conocida. Pero no lo eran, Basilio confesó que ostentaba la autoría de la creación de los grabados incluso al mismísimo Däniken años atrás. Ahora las venden por toda la zona como baratija o souvenir.
Sin embargo, la vehemencia con la que expone sus argumentos en el documental (léase en sus libros, también) no me hace sino plantearme incluso los pilares de la existencia misma, de la Ciencia con mayúscula. Entre todos esos “indicios sin parangón” encontré otra delicatessen: las huellas homínidas junto a las de saurios encontradas en Utah en el 68. Algo que, de ser cierto de nuevo, nos destrozaría la aparición del hombre a unos ¡300 o 600 millones de años!
Pero aquello también fue desmentido rápidamente ya que no se tenía muy en pie, valga la analogía, cosa que sucedió en otros diversos lugares y que no fueron sino fruto de erosiones naturales o similares. En fin.
Las preguntas que lanza al aire una detrás de otra tanto en los libros como en estas pequeñas películas ochenteras no son para tomar a risa porque otros científicos hayan respondido a algunas de ellas, sino todo lo contrario, deberían tomarse muy en cuenta, y sobre todo para aquellos escépticos, a la hora de realizar las investigaciones. Es duro ser imparcial, completamente objetivo y observador, pero más duro es creer en el desprestigio barato y consensuado. Las preguntas que expone deberían ser tenidas en primera línea de investigación para los mecenas del género, para los bienllamados investigadores ya que, sea por escepticismo o por creencia, son preguntas que hasta el momento no tienen respuesta.
Preguntas sin respuesta. ¿Hay mayor aliciente para comenzar a estudiar los enigmas?
Däniken nos habla (voy a prescindir, si me lo permiten, de una mayor documentación ya que hablaré de ello como enlace a la cuestión) de una tribu bastante primitiva que habitaba en cierta isla oceánica, la cual fue invadida por el ejército alemán en la segunda de las grandes guerras. En ella el ejército repostaba sus aviones y tenía ciertas bases de comunicación, como punto estratégico. Después del término de la guerra y de la huída de los arios, se observaron en los nativos ciertas “prácticas rituales” y tradiciones que llamaban la atención. Una de ellas consistía en reproducir el “pájaro de los dioses”, que no era sino un avión de la guerra hecho de paja, vehículo que utilizaban aquellos seres extraños que venían y volvían del cielo, y que, además, no tenían que cazar cada día para alimentarse.
Su percepción de aquellos hombres arribando desde el aire, de sus extrañas vestimentas, artilugios, idioma, tecnología y recursos les hizo creer lo que para ellos eran: dioses. Desde el punto de vista de que un dios es una persona elevada, en todos o en muchos sentidos.
Éste es solamente un ejemplo, puede que mañana ésta isla fuese un invento de Dänikenlandia (como dicen algunos) o nunca hayan estado allí los alemanes, pero el ejemplo es igualmente válido. ¿Qué veríamos nosotros, curtidos en tecnología y conocimientos, en las carnes de aquellos primeros que relataron sus relaciones con dioses? Tal vez nada, o tal vez veríamos las respuestas. Tal vez viéramos a un erudito pluma en mano durante horas expresando su amplia imaginación a petición del gobernante de turno. Tal vez un ser, del cielo, de otro plano, de otro planeta, nos daría respuestas comprensibles para nuestra capacidad actual. Tal vez aún no estemos capacitados ni para saber qué preguntar.
Y, sí, este hombre es un ideólogo, un falaz histórico y una persona con una imaginación considerablemente alarmante. Esto, en su día, seguramente lo hubiesen escuchado personajes como Julio Verne o el mismísimo Homero (¡quién nos iba a decir hace un siglo que Troya existió de verdad!). Ya que en la actualidad se sigue debatiendo la verosimilitud de los increíbles sucesos de la Biblia, Ilíada, y porqué no Atlántida o Divina Comedia. Si deberíamos estar acostumbrados a estas tendencias, a lo delicioso de retorcer argumentos históricos para encuadrar el transcurso de una novela de ficción, eso sí, lo más creíble posible. Tenemos un ejemplo de hace unos años: “El código Da Vinci”, del cual aún se sigue diciendo, y otros siguen ganando. ¿Por qué? Porque a la gente le interesa saber, necesita creer e indagar en lo más oscuro de nuestras raíces filosóficas, culturales o teológicas. Supersticiosas. No solo creo que Erich Von Däniken ha hecho mucho por el pensamiento moderno, sino que ha hecho más que los que, como en el caso anterior, se han cubierto de pedantería y han ido chupando rueda mientras desmentían datos que nunca fueron afirmados con mayor sentido que el de hacerse cuestionar lo socialmente aceptado.
Para mí el caso de las piedras de Ica o el de las huellas de Utah no fue más que un recurso literario, igual que la altura desmedida de las pirámides o el descubrimiento de Troya, argumentación para dar credibilidad, algo sin lo cual la idea pierde fuerza y tiende a no trascender. ¿Acaso alguien cree que la Ilíada es literalmente verídica sólo porque fueron descubiertas las que parecen ser ruinas de Troya? ¿Pues entonces por qué eliminamos las preciosas y maravillosas buenas preguntas que Däniken nos hacía? ¿Acaso son ahora menos bellas las aventuras de Ulises y Aquiles?
Sólo espero que algún día, en el futuro más lejano, alguien mire hacia atrás y se dé cuenta de que también Däniken relató, sin saberlo, un “De la Tierra a la Luna”.
Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.Revista digital Revestidos
www.chusilmarillion.com Gijón, Asturias
chusilmarillion@hotmail.com
www.chusilmarillion.com Gijón, Asturias
chusilmarillion@hotmail.com
martes, enero 09, 2007
Diversidad de realidades
Hay una realidad distinta por cada persona.
A menudo la sociedad se vuelve descreída y paranoicamente lógica. Uno tras otro los principios científicos se vuelven dogmas de fe y condicionan totalmente nuestra visión de la existencia, manteniéndose única y exclusivamente dentro del espectro de lo demostrable, dentro de una burbuja de límites bien definidos y sin ansias de conocer lo que hay en el exterior. Seguimos conociendo todo aquello que vemos y palpamos cada día, pero las cosas verdaderamente importantes, las que no tienen explicación aparente, son las descartadas por la ciencia como excepción confirmante o locura transitoria.
Un sueño premonitorio, un déjà vu, una serendipia, experiencia extracorporal, telepática o curación milagrosa. Todo esto no son más que errores cerebrales, apreciaciones incorrectas de la teórica del caos, de la relatividad o placebos. Pero he de recordar que no en todos los lugares la cienciología se manifiesta veraz y que en extraña ocasión es capaz de definir conceptos de tipo “paranormal” sin salirse de los cánones.
Todos conocemos a alguien (o lo sufrimos en nuestras carnes) que haya sido víctima de enfermedad y se ha curado milagrosamente, sin el tan beneficioso tratamiento de la medicina actual. Muchos sueñan cosas que después, por un motivo u otro, suceden. Quién no se ha preguntado alguna vez si ésto ya lo ha vivido. O porqué cojo el teléfono justo antes de que suene. Puede que las serendipias sean las leyes que rigen la causalidad del universo, y no su casualidad.
En cualquier caso, pocos son capaces de defender a fe ciega que no hay nada detrás de la casualidad, el fallo neuronal o la enfermedad mental. Entonces, si esto es así, ¿por qué nos empeñamos en tirar por tierra todo testimonio chocante con las “leyes de la física” si al acostarnos, por la noche, experimentamos cosas similares? Tal vez necesitemos una reedición de esas leyes teniendo en cuenta otros fenómenos físicos, o tal vez simplemente baste con ser menos hipócrita.
Y es que cuando hablamos de realidad física obviamos que cualquier observación de la misma es un acto totalmente subjetivo y está condicionado por el individuo. Según este principio, ninguna teoría puede ser totalitaria u objetivamente acertada.
Como ejemplo dentro de lo científico, Stephen Hawkings publicaba recientemente su “Brevísima historia del tiempo” para mentes neófitas en complejidad matemática o física. En él cuestiona (o redefine desde la perspectiva del nuevo siglo) las grandes verdades de la ciencia general. Léase Newton o Einstein, en tanto a que sus teorías ahora mundialmente aceptadas siguen teniendo esas pequeñas lagunas que sólo son visibles en los grandes cálculos. Si el átomo ya no es indivisible, si el tiempo ya no es absoluto, ni la gravedad. Ni la mente humana. ¿Qué es absoluto? ¿Acaso nuestra existencia? ¿Nuestra realidad?
Recordando las enseñanzas de Don Juan y la totalidad de la obra de Carlos Castaneda, así como los paralelismos con el chamanismo tibetano de la tradición Bön Po o incluso con las prácticas hindúes actuales (el chamanismo tibetano también existe en la actualidad, en todas las escuelas budistas tibetanas y se conforma en su mayoría de experiencias extracorporales, de los cuatro caminos causales, etc.) llego a la conclusión de que no son sino paralelos tratados acerca de la realidad o de su significado. O del nuestro.
Son diferentes percepciones de experiencias que para el sujeto sucedieron de ese modo, percepciones incuestionables desde el punto de vista humano. La ciencia no puede descartar teoría, eso es negarse a sí misma. La ciencia se vanagloria de su capacidad de investigación y objetividad, y ésta debería comenzar por contemplar cualquier posibilidad, incluída (tal vez la más importante) aquella que pueda derribar los altos muros alzados siglos atrás.
Nos dicen que el destino es evolución, que no hay un significado, sino una sucesión de acontecimientos. Yo digo que hay una razón para cada uno, una cuestión que resolver y un propio camino que andar, un sendero que no solemos coger porque se sale de la carretera bien asfaltada que conocemos.
En el documental “¿Y tú que sabes?”, que fue estrenado hace un par de años, un grupo de científicos, escritores, periodistas y personas de mayor o menor influencia académica nos hablan, también para los neófitos, de la física cuántica o física de las posibilidades. Es maravilloso comenzar a entender que los pilares de la realidad no están ni definidos ni son absolutos. Desde este punto de vista, entonces, cualquier cosa es posible. Y así es que el mundo, en cada nuevo día, nos demuestra que es capaz de cualquier cosa con sucesos de toda clase.
Entre péptidos, átomos, teorías de las cuerdas y demás ejemplificación técnica gráficamente educativa, nos dice que la mente puede influir en ese tejido que estamos empeñados en ver inquebrantable e impertérrito. Que podemos interactuar con la realidad.
En el mismo documental habla de la ya mítica “mutación” de las moléculas del agua por causa del pensamiento. Simple y llanamente. Y hace bien poco en ese fabuloso programa que es Cuarto Milenio se nos alentaba a realizar el simple experimento de hablarle al agua.
Pero todo esto no es nuevo. Desde siempre es sabido que los cultivos crecen más o menos dependiendo del amor que se les ponga, que los animales en ocasiones entienden lo que se les dice, incluso se puede hipnotizar a algunas personas. La voluntad, expresada en voz, en acción o simplemente en pensamiento, contiene un poder. Querer es poder, y hasta ahora las únicas barreras que tenemos son las que nos hemos impuesto nosotros mismos.
La voluntad de curarse puede ser mejor remedio que cualquier medicamento experimental, la voluntad de reencontrarse con alguien o de escrutar nuestros sueños puede tejer la realidad. Hilvanar haces de luz que, como diría don Juan Matus, salen de nuestro estómago y recorren la existencia, el Nagual y el Tonal, se atan inconscientemente a lo que deseamos y producimos nosotros, aun sin saberlo, nuestro propio destino.
Para mí la voluntad del hombre ha quedado demostrada como una de las mayores fuerzas del universo, en cuanto a que aún no ha conocido límite, en cuanto a que ni siquiera se acepta científicamente como fuerza operante fuera de nosotros. La fe mueve montañas. Yo digo que la voluntad de moverla, bien entendida, es capaz de hacer que la montaña venga.
Todos los demás experimentos son como árboles, como búsquedas del grial, son los árboles que no nos dejan ver el bosque. Contemplamos, examinamos y medimos todas y cada una de las piezas del puzzle de nuestra existencia, pero aún no hemos tenido la voluntad suficiente para observar lo hermoso del encajar todas las piezas y lograr un gran y único objetivo.
Vivir.
A menudo la sociedad se vuelve descreída y paranoicamente lógica. Uno tras otro los principios científicos se vuelven dogmas de fe y condicionan totalmente nuestra visión de la existencia, manteniéndose única y exclusivamente dentro del espectro de lo demostrable, dentro de una burbuja de límites bien definidos y sin ansias de conocer lo que hay en el exterior. Seguimos conociendo todo aquello que vemos y palpamos cada día, pero las cosas verdaderamente importantes, las que no tienen explicación aparente, son las descartadas por la ciencia como excepción confirmante o locura transitoria.
Un sueño premonitorio, un déjà vu, una serendipia, experiencia extracorporal, telepática o curación milagrosa. Todo esto no son más que errores cerebrales, apreciaciones incorrectas de la teórica del caos, de la relatividad o placebos. Pero he de recordar que no en todos los lugares la cienciología se manifiesta veraz y que en extraña ocasión es capaz de definir conceptos de tipo “paranormal” sin salirse de los cánones.
Todos conocemos a alguien (o lo sufrimos en nuestras carnes) que haya sido víctima de enfermedad y se ha curado milagrosamente, sin el tan beneficioso tratamiento de la medicina actual. Muchos sueñan cosas que después, por un motivo u otro, suceden. Quién no se ha preguntado alguna vez si ésto ya lo ha vivido. O porqué cojo el teléfono justo antes de que suene. Puede que las serendipias sean las leyes que rigen la causalidad del universo, y no su casualidad.
En cualquier caso, pocos son capaces de defender a fe ciega que no hay nada detrás de la casualidad, el fallo neuronal o la enfermedad mental. Entonces, si esto es así, ¿por qué nos empeñamos en tirar por tierra todo testimonio chocante con las “leyes de la física” si al acostarnos, por la noche, experimentamos cosas similares? Tal vez necesitemos una reedición de esas leyes teniendo en cuenta otros fenómenos físicos, o tal vez simplemente baste con ser menos hipócrita.
Y es que cuando hablamos de realidad física obviamos que cualquier observación de la misma es un acto totalmente subjetivo y está condicionado por el individuo. Según este principio, ninguna teoría puede ser totalitaria u objetivamente acertada.
Como ejemplo dentro de lo científico, Stephen Hawkings publicaba recientemente su “Brevísima historia del tiempo” para mentes neófitas en complejidad matemática o física. En él cuestiona (o redefine desde la perspectiva del nuevo siglo) las grandes verdades de la ciencia general. Léase Newton o Einstein, en tanto a que sus teorías ahora mundialmente aceptadas siguen teniendo esas pequeñas lagunas que sólo son visibles en los grandes cálculos. Si el átomo ya no es indivisible, si el tiempo ya no es absoluto, ni la gravedad. Ni la mente humana. ¿Qué es absoluto? ¿Acaso nuestra existencia? ¿Nuestra realidad?
Recordando las enseñanzas de Don Juan y la totalidad de la obra de Carlos Castaneda, así como los paralelismos con el chamanismo tibetano de la tradición Bön Po o incluso con las prácticas hindúes actuales (el chamanismo tibetano también existe en la actualidad, en todas las escuelas budistas tibetanas y se conforma en su mayoría de experiencias extracorporales, de los cuatro caminos causales, etc.) llego a la conclusión de que no son sino paralelos tratados acerca de la realidad o de su significado. O del nuestro.
Son diferentes percepciones de experiencias que para el sujeto sucedieron de ese modo, percepciones incuestionables desde el punto de vista humano. La ciencia no puede descartar teoría, eso es negarse a sí misma. La ciencia se vanagloria de su capacidad de investigación y objetividad, y ésta debería comenzar por contemplar cualquier posibilidad, incluída (tal vez la más importante) aquella que pueda derribar los altos muros alzados siglos atrás.
Nos dicen que el destino es evolución, que no hay un significado, sino una sucesión de acontecimientos. Yo digo que hay una razón para cada uno, una cuestión que resolver y un propio camino que andar, un sendero que no solemos coger porque se sale de la carretera bien asfaltada que conocemos.
En el documental “¿Y tú que sabes?”, que fue estrenado hace un par de años, un grupo de científicos, escritores, periodistas y personas de mayor o menor influencia académica nos hablan, también para los neófitos, de la física cuántica o física de las posibilidades. Es maravilloso comenzar a entender que los pilares de la realidad no están ni definidos ni son absolutos. Desde este punto de vista, entonces, cualquier cosa es posible. Y así es que el mundo, en cada nuevo día, nos demuestra que es capaz de cualquier cosa con sucesos de toda clase.
Entre péptidos, átomos, teorías de las cuerdas y demás ejemplificación técnica gráficamente educativa, nos dice que la mente puede influir en ese tejido que estamos empeñados en ver inquebrantable e impertérrito. Que podemos interactuar con la realidad.
En el mismo documental habla de la ya mítica “mutación” de las moléculas del agua por causa del pensamiento. Simple y llanamente. Y hace bien poco en ese fabuloso programa que es Cuarto Milenio se nos alentaba a realizar el simple experimento de hablarle al agua.
Pero todo esto no es nuevo. Desde siempre es sabido que los cultivos crecen más o menos dependiendo del amor que se les ponga, que los animales en ocasiones entienden lo que se les dice, incluso se puede hipnotizar a algunas personas. La voluntad, expresada en voz, en acción o simplemente en pensamiento, contiene un poder. Querer es poder, y hasta ahora las únicas barreras que tenemos son las que nos hemos impuesto nosotros mismos.
La voluntad de curarse puede ser mejor remedio que cualquier medicamento experimental, la voluntad de reencontrarse con alguien o de escrutar nuestros sueños puede tejer la realidad. Hilvanar haces de luz que, como diría don Juan Matus, salen de nuestro estómago y recorren la existencia, el Nagual y el Tonal, se atan inconscientemente a lo que deseamos y producimos nosotros, aun sin saberlo, nuestro propio destino.
Para mí la voluntad del hombre ha quedado demostrada como una de las mayores fuerzas del universo, en cuanto a que aún no ha conocido límite, en cuanto a que ni siquiera se acepta científicamente como fuerza operante fuera de nosotros. La fe mueve montañas. Yo digo que la voluntad de moverla, bien entendida, es capaz de hacer que la montaña venga.
Todos los demás experimentos son como árboles, como búsquedas del grial, son los árboles que no nos dejan ver el bosque. Contemplamos, examinamos y medimos todas y cada una de las piezas del puzzle de nuestra existencia, pero aún no hemos tenido la voluntad suficiente para observar lo hermoso del encajar todas las piezas y lograr un gran y único objetivo.
Vivir.
Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.Revista digital Revestidos
http://www.chusilmarillion.com/ y http://www.quediario.com/blogs/11945/ Gijón, Asturias
chusilmarillion@hotmail.com
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Etiquetas: einstein, hawkings, paranormal, percepción, Realidad
martes, diciembre 19, 2006
"Y Latina"
Dentro de muy poco hará un año que se formó la Asociación de Escritores Noveles y como idea consensuada se decidió que publicar una revista con la voz de los noveles sería algo maravilloso. Después del arduo trabajo de edición, presentación de proyecto y demás trámites burocráticos, es necesaria la financiación del mismo mediante, como casi todos los fancines del estilo, publicidad contratada. Aquí es donde la cuestión se ha torcido y es adonde yo quiero llegar.
Los proyectos culturales innovadores (o no tanto) son algo increíble, algo creativamente evolutivo y necesario para la sociedad cultural y cosmopolita en la que vivimos. Salvo, eso sí, que haya que pagar por ello. En la tesitura de buscar fuentes económicas que ofrezcan subvención (ridícula, por cierto) a cambio de anuncios a su favor, nos encontramos con que aquí no apoquina ni Dios. No vaya a ser que nadie lea la revista y pierda dinero.
Pero yo comprendo a estas personas (bueno, es mentira, es solo un recurso literario), fans del Financial Times y de Marbella, para los que atesorar dinero es una cultura de club, para los que pagar dinero por algo técnicamente no productivo no merece la pena.
Al final es lo de siempre, el que tiene dinero puede ser escritor, pintor, escultor, cineasta o la madre que lo parió; pero lo verdaderamente difícil, y esto me hace daño decirlo, es poder hacer llegar a los demás algo que es bueno y que has creado desde lo más profundo de tu arte. Y es que hoy en día hasta lo desinteresado cuesta dinero, para nuestra desgracia, ya que la gente que debería apoyar los proyectos como éste parece que tienen bastante con mirarse su propio ombligo, rebosante de las pelusillas de la indiferencia y la ignorancia.
Pese a todo yo sé que existen personas con capacidad para ello y buena fe que estarían dispuestas a ayudar con “Y Latina”, por eso hablaré un poco de lo que será la revista.
Principalmente y como base, habrá textos de escritores noveles, tanto relato, poesía, ensayo, hasta cómic e infantil. Pero cada número se centrará en una época literaria, el primer número en Jovellanos, Rosalía de Castro y Pío Baroja. Tendrá recursos de escritor, concursos literarios, noticias, una entrevista a un escritor de renombre, y muchas cosas más. Tendrá 96 páginas y 500 ejemplares (nada desdeñable), se enviará a grandes superficies, librerías, quioscos y bibliotecas, de España. En el extranjero se enviará por suscripción o por e-book a mitad de precio, para los socios europeos y latinoamericanos.
Teniendo en cuenta que invertir en proyectos no lucrativos tiene beneficios fiscales, que la revista será leída en toda España y en muchos países extranjeros, y que anunciarse oscila entre los 40 € y los 400 €, esto puede suponer una publicidad rápida y de calidad para todos aquellos beneficiarios de la literatura y sus artes, del gremio. Y contratarla es tan sencillo como pedir información mediante correo electrónico a la AEN.
Sería una lástima no poder contar con la revista “Y Latina” cuando es solamente un pequeño empujón lo que necesita.
Los proyectos culturales innovadores (o no tanto) son algo increíble, algo creativamente evolutivo y necesario para la sociedad cultural y cosmopolita en la que vivimos. Salvo, eso sí, que haya que pagar por ello. En la tesitura de buscar fuentes económicas que ofrezcan subvención (ridícula, por cierto) a cambio de anuncios a su favor, nos encontramos con que aquí no apoquina ni Dios. No vaya a ser que nadie lea la revista y pierda dinero.
Pero yo comprendo a estas personas (bueno, es mentira, es solo un recurso literario), fans del Financial Times y de Marbella, para los que atesorar dinero es una cultura de club, para los que pagar dinero por algo técnicamente no productivo no merece la pena.
Al final es lo de siempre, el que tiene dinero puede ser escritor, pintor, escultor, cineasta o la madre que lo parió; pero lo verdaderamente difícil, y esto me hace daño decirlo, es poder hacer llegar a los demás algo que es bueno y que has creado desde lo más profundo de tu arte. Y es que hoy en día hasta lo desinteresado cuesta dinero, para nuestra desgracia, ya que la gente que debería apoyar los proyectos como éste parece que tienen bastante con mirarse su propio ombligo, rebosante de las pelusillas de la indiferencia y la ignorancia.
Pese a todo yo sé que existen personas con capacidad para ello y buena fe que estarían dispuestas a ayudar con “Y Latina”, por eso hablaré un poco de lo que será la revista.
Principalmente y como base, habrá textos de escritores noveles, tanto relato, poesía, ensayo, hasta cómic e infantil. Pero cada número se centrará en una época literaria, el primer número en Jovellanos, Rosalía de Castro y Pío Baroja. Tendrá recursos de escritor, concursos literarios, noticias, una entrevista a un escritor de renombre, y muchas cosas más. Tendrá 96 páginas y 500 ejemplares (nada desdeñable), se enviará a grandes superficies, librerías, quioscos y bibliotecas, de España. En el extranjero se enviará por suscripción o por e-book a mitad de precio, para los socios europeos y latinoamericanos.
Teniendo en cuenta que invertir en proyectos no lucrativos tiene beneficios fiscales, que la revista será leída en toda España y en muchos países extranjeros, y que anunciarse oscila entre los 40 € y los 400 €, esto puede suponer una publicidad rápida y de calidad para todos aquellos beneficiarios de la literatura y sus artes, del gremio. Y contratarla es tan sencillo como pedir información mediante correo electrónico a la AEN.
Sería una lástima no poder contar con la revista “Y Latina” cuando es solamente un pequeño empujón lo que necesita.
Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.Revista digital Revestidos
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miércoles, noviembre 22, 2006
Vida de usar y tirar
Era triste sí, como mi vida, pero más triste me pareció sentir pena al desprenderme de un pequeño paquete de pañuelos de papel.
Cuando salí de casa aquella mañana, coger un paquete de mini pañuelos extrasuaves marca Carrefour fue lo más importante que me había sucedido, habida cuenta del catarro que me llevaba corrompiendo varios días y de la reciente defunción de mis familiares. Mis padres, que fallecieron en un accidente de automóvil, dejaron a su único hijo seis mil euros, tres días de baja y un paquete de pañuelos.
“Tres capas cien por cien celulosa”. Cuántas personas se habrán fijado en la pequeñas palabras de una ya de por si menguada bolsita de papeles para la nariz. No lo sé, pero mientras leía las recomendaciones del fabricante pensé: “¿recomendaciones del fabricante? Por Dios, que sólo son servilletas de celulosa”. Y sentado en una apretada butaca del autobús recordé a mi ex-novia. Ella me había dejado por otro hacía unas semanas, lo de siempre: ya no es como antes, ahora tu superficie está empapada, la celulosa irrita, te deshaces a la mínima y más que limpiar mocos, ensucias.
Menos mal que aún me quedaban amigos. Luis, el alto bonachón y semiretrasado, el último de un paquete de cleenex antaño lleno, como el que entre mis manos había. “Diez unidades”, y tuve que sonreir. Ahora que nadie en casa me esperaba, que no había llamadas entrantes ni perdidas, me soné con el último de los extrasuaves pedazos de mi vida, con fuerza, como intentando desechar algo muy arraigado. Bajé del bus y antes de tirar el paquete de plástico vacío al suelo recapacité. Sobre la vida, las vueltas, los pañuelos de usar y tirar, los que están y los que no, sobre lo que aún me hace producir mucosa y lo fácil que es deshacerse de ella con un cleenex. ¿Para qué volver, para qué seguir viviendo? Si todos somos pequeños papeles de celulosa, unos cien por cien, otros de tres capas, recomendados o no, pero todos de usar y tirar.
Al final, como era de esperar, me sorbí los mocos, arrojé el paquete vacío al suelo y lo pisé, como con orgullo, y me fui creyendo que todo funcionaría mejor desde entonces.
Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.
Cuando salí de casa aquella mañana, coger un paquete de mini pañuelos extrasuaves marca Carrefour fue lo más importante que me había sucedido, habida cuenta del catarro que me llevaba corrompiendo varios días y de la reciente defunción de mis familiares. Mis padres, que fallecieron en un accidente de automóvil, dejaron a su único hijo seis mil euros, tres días de baja y un paquete de pañuelos.
“Tres capas cien por cien celulosa”. Cuántas personas se habrán fijado en la pequeñas palabras de una ya de por si menguada bolsita de papeles para la nariz. No lo sé, pero mientras leía las recomendaciones del fabricante pensé: “¿recomendaciones del fabricante? Por Dios, que sólo son servilletas de celulosa”. Y sentado en una apretada butaca del autobús recordé a mi ex-novia. Ella me había dejado por otro hacía unas semanas, lo de siempre: ya no es como antes, ahora tu superficie está empapada, la celulosa irrita, te deshaces a la mínima y más que limpiar mocos, ensucias.
Menos mal que aún me quedaban amigos. Luis, el alto bonachón y semiretrasado, el último de un paquete de cleenex antaño lleno, como el que entre mis manos había. “Diez unidades”, y tuve que sonreir. Ahora que nadie en casa me esperaba, que no había llamadas entrantes ni perdidas, me soné con el último de los extrasuaves pedazos de mi vida, con fuerza, como intentando desechar algo muy arraigado. Bajé del bus y antes de tirar el paquete de plástico vacío al suelo recapacité. Sobre la vida, las vueltas, los pañuelos de usar y tirar, los que están y los que no, sobre lo que aún me hace producir mucosa y lo fácil que es deshacerse de ella con un cleenex. ¿Para qué volver, para qué seguir viviendo? Si todos somos pequeños papeles de celulosa, unos cien por cien, otros de tres capas, recomendados o no, pero todos de usar y tirar.
Al final, como era de esperar, me sorbí los mocos, arrojé el paquete vacío al suelo y lo pisé, como con orgullo, y me fui creyendo que todo funcionaría mejor desde entonces.
Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.
Gijón, Asturias
chusilmarillion@hotmail.com
jueves, septiembre 28, 2006
Tras los pasos de la Historia
Los libros de texto hablan de los personajes históricos de la antigüedad con liviana importancia y objetividad relativa. Quién no ha oído hablar nunca de Alejandro Magno, de Julio César, de Cleopatra o Tutankhamón. También Ramsés o Tolomeo. Quién no sabe lo que son las “pirámides de Egipto”, la tumba de Tutankhamón, los jeroglíficos o la Esfinge. Pero estas personas y construcciones no son más que escenarios de películas, personajes fascinantes de libros de aventuras, algo lejano, mítico y remoto que evoca cierto aire sobrenatural y desconocido.
Algo bien distinto es conocer esos “santos lugares”. Es, ante todo, un viaje en el tiempo. Un viaje alucinante deslizando tu mirada hacia el cielo para contemplar el obelisco que custodia el templo de Luxor, pasear por entre las enormes columnas y llegar al éxtasis en el sanctasanctórum, junto a Alejandro el Magno, palpar la piedra que cientos de años antes de Cristo alguien grabó a semejanza del macedonio. Saber que, en algún momento, él posó sus pies en la misma losa que lo estás haciendo tú.
Un viaje por entre las 134 columnas del templo de Karnak, junto a un Ramsés III que ya honraba a sus antecesores haciendo abluciones en el gran lago artificial del lugar, descubrirse en el Valle de los Reyes acariciando con la mirada las paredes cubiertas del Aspergilus que puebla la tumba de Tutankhamón, acertando a mirar a los ojos de Howard Carter.
Abrazado a los destellos de la preciosa Hapsetsup ascendimos por la escalinata de su templo funerario en Al-Deir Al-Bahari. Contemplar con enfado los relieves destrozados por cristianos y musulmanes del templo de Edfú, con un Tolomeo tras otro relatando las escenas de los muros. Después el faraón Amenofis III nos corregía, colosal y poderoso, acerca de la verdadera identidad de los Colosos de Memnon.
Amanecer caminando junto a los cuatro colosos que guardan las puertas de Abu Simbel, los cuatro Rameses II tal y como debieron verlo los sacerdotes de hace tres mil años y como lo recordaba nuestra acompañante Nefertari. Escuchar de viva voz de la más bella la escena bélica de su interior, espejo de la actualidad de la antigüedad.
Admirar las grandiosas pirámides de Giza, impertérritas ante el paso de los milenios, impunes al hacer del mayor agente erosionante de la Tierra: el Hombre. Descender entre sofocos y aire viciado por los conductos con Kefrén y contemplar desde el interior de la sala funeraria la enorme roca de granito que hizo las veces de su tumba. Pensar que en una sala similar, en la pirámide contigua y junto a un tal Keops, Napoleón deposita su cuerpo durante una preciosa noche de verano. Enfrentar a la Esfinge de Giza, cara a cara, sin escuchar ningún acertijo más que la incesante pregunta ¿volverás a contemplarme alguna otra vez en tu vida, será suficiente este recuerdo?
Poner el pie y hundir las manos en el mismo desierto del Sahara que ha existido desde tiempos inmemoriales, caminar frente a la pirámide más antigua en Saqqara y ver, por un agujero, al faraón Socer. Contemplar la mayor obra del arquitecto mitificado Imhotep: la pirámide escalonada, mientras te ilustra acerca de su progresiva construcción mastaba a mastaba.
Pero también, a su vez, pisamos el suelo de la Iglesia de San Sergio, buscando refugio espiritual junto a una joven Sagrada Familia. Saladino explicó, paseando por los restos de su Ciudadela, que la Mezquita de Alabastro de su interior nada tuvo que ver con él. Se nos mostró tenebrosa y nocturna la Ciudad de los Muertos y los Vivos, llena de muertos que viven, de tumbas que son casas y de fuegos fatuos que son luces artificiales.
Ramsés II nos llevó de la mano por la sala de las momias del museo de El Cairo, a sus 67 años, nos ayudó a comprender la grandeza de su tiempo de hace tres milenios y, junto al rey Tut, contemplamos a los constructores de las pirámides y los restos de su fastuoso tesoro funerario.
Hoy sabemos que el sueño de inmortalidad de los antiguos era eso, un sueño, ningún Dios, rito, paganismo, alquimista o mago logró que fuese posible su inmortalidad; sin embargo, en su esfuerzo por lograr la perpetuidad de su existencia, lo consiguieron mediante sus actos, dejando constancia hasta en el mismo tejido del tiempo y para toda la eternidad de su vida y obra.
Me quedan en el tintero el doble de 67 litros de tinta, la imagen de la Historia cambia en la percepción de cada uno, inevitablemente, las experiencias se imprimen con tanta firmeza que ninguno de los anteriores serán ya personajes lejanos, sino casi familiares, mitos y hombres con los que después de un viaje por lo maravilloso no puedo evitar, como mínimo, esbozar una sonrisa de complicidad.
Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.Revista digital Revestidos
http://www.chusilmarillion.com/ y http://www.quediario.com/blogs/11945/ Gijón, Asturias
chusilmarillion@hotmail.com
Algo bien distinto es conocer esos “santos lugares”. Es, ante todo, un viaje en el tiempo. Un viaje alucinante deslizando tu mirada hacia el cielo para contemplar el obelisco que custodia el templo de Luxor, pasear por entre las enormes columnas y llegar al éxtasis en el sanctasanctórum, junto a Alejandro el Magno, palpar la piedra que cientos de años antes de Cristo alguien grabó a semejanza del macedonio. Saber que, en algún momento, él posó sus pies en la misma losa que lo estás haciendo tú.
Un viaje por entre las 134 columnas del templo de Karnak, junto a un Ramsés III que ya honraba a sus antecesores haciendo abluciones en el gran lago artificial del lugar, descubrirse en el Valle de los Reyes acariciando con la mirada las paredes cubiertas del Aspergilus que puebla la tumba de Tutankhamón, acertando a mirar a los ojos de Howard Carter.
Abrazado a los destellos de la preciosa Hapsetsup ascendimos por la escalinata de su templo funerario en Al-Deir Al-Bahari. Contemplar con enfado los relieves destrozados por cristianos y musulmanes del templo de Edfú, con un Tolomeo tras otro relatando las escenas de los muros. Después el faraón Amenofis III nos corregía, colosal y poderoso, acerca de la verdadera identidad de los Colosos de Memnon.
Amanecer caminando junto a los cuatro colosos que guardan las puertas de Abu Simbel, los cuatro Rameses II tal y como debieron verlo los sacerdotes de hace tres mil años y como lo recordaba nuestra acompañante Nefertari. Escuchar de viva voz de la más bella la escena bélica de su interior, espejo de la actualidad de la antigüedad.
Admirar las grandiosas pirámides de Giza, impertérritas ante el paso de los milenios, impunes al hacer del mayor agente erosionante de la Tierra: el Hombre. Descender entre sofocos y aire viciado por los conductos con Kefrén y contemplar desde el interior de la sala funeraria la enorme roca de granito que hizo las veces de su tumba. Pensar que en una sala similar, en la pirámide contigua y junto a un tal Keops, Napoleón deposita su cuerpo durante una preciosa noche de verano. Enfrentar a la Esfinge de Giza, cara a cara, sin escuchar ningún acertijo más que la incesante pregunta ¿volverás a contemplarme alguna otra vez en tu vida, será suficiente este recuerdo?
Poner el pie y hundir las manos en el mismo desierto del Sahara que ha existido desde tiempos inmemoriales, caminar frente a la pirámide más antigua en Saqqara y ver, por un agujero, al faraón Socer. Contemplar la mayor obra del arquitecto mitificado Imhotep: la pirámide escalonada, mientras te ilustra acerca de su progresiva construcción mastaba a mastaba.
Pero también, a su vez, pisamos el suelo de la Iglesia de San Sergio, buscando refugio espiritual junto a una joven Sagrada Familia. Saladino explicó, paseando por los restos de su Ciudadela, que la Mezquita de Alabastro de su interior nada tuvo que ver con él. Se nos mostró tenebrosa y nocturna la Ciudad de los Muertos y los Vivos, llena de muertos que viven, de tumbas que son casas y de fuegos fatuos que son luces artificiales.
Ramsés II nos llevó de la mano por la sala de las momias del museo de El Cairo, a sus 67 años, nos ayudó a comprender la grandeza de su tiempo de hace tres milenios y, junto al rey Tut, contemplamos a los constructores de las pirámides y los restos de su fastuoso tesoro funerario.
Hoy sabemos que el sueño de inmortalidad de los antiguos era eso, un sueño, ningún Dios, rito, paganismo, alquimista o mago logró que fuese posible su inmortalidad; sin embargo, en su esfuerzo por lograr la perpetuidad de su existencia, lo consiguieron mediante sus actos, dejando constancia hasta en el mismo tejido del tiempo y para toda la eternidad de su vida y obra.
Me quedan en el tintero el doble de 67 litros de tinta, la imagen de la Historia cambia en la percepción de cada uno, inevitablemente, las experiencias se imprimen con tanta firmeza que ninguno de los anteriores serán ya personajes lejanos, sino casi familiares, mitos y hombres con los que después de un viaje por lo maravilloso no puedo evitar, como mínimo, esbozar una sonrisa de complicidad.
Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.Revista digital Revestidos
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martes, junio 27, 2006
¿Quienes eran esos dioses?
A ese respecto lo único que podemos es estudiar las historias antiguas, pero de manera que las conclusiones no estén condicionadas por nuestro subjetivismo.
Con esto quiero decir que si uno busca dioses venidos de un planeta lejano que volaban por aquí y que nos crearon para su comodidad, lo encontrará.
Si uno busca extraterrestres superiores llenos de sabiduría y tecnología, lo encontrara también.
Si buscas mitología y leyenda existente únicamente en las mentes de los habitantes de la época, será lo que hallarás.
Con toda certeza, uno solo encuentra lo que busca y a veces solo buscamos donde hay luz porque en la oscuridad puede haber cosas que no nos gusten.
Yo trato de darle a todas estas teorías una visión global y objetiva, desde la lógica mas pura, barajando las posibilidades y quedándonos con lo mas plausible, es decir, buscando los inicios, las coincidencias, los hechos y poniéndonos en el lugar de aquellas personas que lo vivieron, no poniéndonos en nuestro lugar, interesado únicamente en hallar quimeras, y si no las encontrásemos, especular a cerca de un lugar donde pueden haberse escondido.
Es curioso lo fácil que es encontrar nexos entre todas las religiones y creencias arcanas occidentales, ¿pero que ocurre con los orientales? ¿Es su religión distinta? Si
Las creencias chinas, tibetanas difieren en muchos puntos.
Por ejemplo, los tibetanos no creen en un dios supremo, al menos no como entidad, sino como un estado.
Buda emplea dos palabras. La primera es Nirvana, Iluminación. Cuando Buda se Iluminó eso fue la Iluminación, el Nirvana. Después de cuarenta años dejó el cuerpo. A esto él le llama el Nirvana absoluto, el Mahaparanirvana. Entonces se convirtió en un Maestro de Maestros y ha seguido siendo un Maestro de Maestros.
Esto difiere un poco con el señor todopoderoso y omnisciente estándar, pero aun así encontramos muchas similitudes entre el relato de Buda y el del nuevo testamento.
Según “el segundo Mesías”, de C.Knight y R.Lomas:
Las columnas masónicas del templo de Salomón reciben el nombre de “jaquin” y “boaz”.
Estas en hebreo, eran “sedek” y “mispat”, siendo la primera también conocida como “zadok”, cuyo significado era “justo”. Santiago era apodado de esta manera, “el justo”, hermano de Jesús, ejerció de obispo de Jerusalém y supuestamente fue enterrado bajo esta columna en el templo de herodes, después de ser asesinado.
Por no hablar de la aparición de nombres que solo creía existentes en las religiones antiguas mesopotámicas o hebreas. Veamos a continuación una recopilación de datos basados en la búsqueda en varios lugares de términos como “yad y sem”, palabras salidas de los sumerios que designaban unos extraños objetos que utilizaban los dioses, descritos de igual manera que fueron construidos los obeliscos egipcios.
Según “el legado perdido de María Magdalena”, de Margaret Starbird:
Estas columnas eran Jachin y Boaz, que significaban “cimentado en la fuerza”.
Según “el 12 planeta”, de Zecharia Sitchin:
Las deidades de la época sumeria utilizaban unos “MU” para volar por el cielo y el espacio. Esto tenia como traducción “aquello que se eleva recto” y que después fue “aquello por lo cual se le recuerda a uno”
Despegaban en una especie de cohetes que llamaron “yad” y “shem”.
El yad era representado como un pilar terminado en punta piramidal y su significado principal era “mano”.
El shem era representado como un pilar terminado de manera redondeada, u ovalada. Su significado era “nombre”, pero al igual que shamain (“cielo”) provenían de la raíz shamah que seria “aquello que esta en el cielo”.
También se llamaron Naru (“piedras que ascienden”) por los Sumerios, por los Asirios, Acadios y Babilonios.
Nuras (“objetos ígneos” en hebreo ner significa “pilar que desprende luz”, actualmente significa “vela”) por los Amurrus.
Hu-u-ashi (“pájaro de fuego de piedra”) por los Hurritas e Hititas.
Imagen egipcia en la que aparecen representados los “yad” y “shem” como eran vistos por los sumerios.
Hemos de observar que la columna terminada en punta es similar a un cohete espacial, donde la otra columna con líneas y figuras seria la plataforma de despegue.
Eso explicaría el sarcófago, que no seria otra cosa que el traje espacial, y las vendas previas serian el traje interior, todo ello para llevar a una persona a los cielos.
¿Que otra cosa puede significar esta imagen?, ¿Y si no tiene verdadera importancia, porque plasmarla?
Según Michael Baigent y Richard Leigh en “Masones y Templarios”:
Durante la construcción del templo, el rey Salomón mandó llamar a Hiram, de Tiro, como arquitecto para la construcción del susodicho, aunque este también es nombrado como rey de Tiro.
Éste tenía a su servicio a multitud de empleados, tantos que se dividieron en tres grupos. Boaz era el grupo de aprendices, en honor a la primera columna;
Jachin el grupo de pares, en honor a la segunda columna;
Y el grupo de maestros era conocido como Jehová, al menos de manera inicial.
Teniendo esto en cuenta, debemos admitir que el hecho de que Santiago “zadok” fuera enterrado allí no tiene relevancia ninguna, respecto a que estas columnas ya habrían recibido su nombre en la época de su construcción.
La similitud de los relatos radica en que ambos personajes fueron asesinados, ambos estaban en posesión de un cargo importante, elevado, y ambos enterrados en el mismo templo.
Según Tenzin Wangyal Rinpoche, fundador del Lingmincha institute, en “El chamanismo original de la tradición bön po de tibet (Los cuatro caminos causales)”:
“Trabajar con el alma de vida y muerte, es el rasgo más importante de la cuarta manera, Sichen que contiene una explicación detallada del principio del la (alma), yid (mente), y sem (mente discursiva).”
"El la es el rastro kármico que se guarda en el namshe del kunzhi (o la conciencia baja). El sem sigue el rastro kármico y produce experiencias dichosas, dolorosas y neutras que son experimentadas por el yid."
Tenemos aquí una clara similitud entre “yad y sem” y “yid y sem”.
Según un compendio de palabras hebreas y judías:
Hebreo: Ivrí. Descendiente de Eber, nieto de Sem hijo de Noé, progenitor de los Semitas oriundos de la región del Éufrates.
Sem es utilizado como raíz o abreviatura de “Semítico”, “semitas” y demás familia.
Yid es la abreviatura de “Yiddish” que no es otra cosa que “judío”, tanto como nombre del idioma como adjetivo.
Según tratado de La Medicina Tradicional China:
La medicina tradicional china sostiene que el corazón es la residencia de la mente (Shen).
La palabra “shen” puede tener significados diferentes y en “mtch” (medicina tradicional china) se usa al menos en dos contextos diferentes.
En primer lugar, “shen” indica el conjunto de facultades mentales de las que se dice
que "residen" en el corazón. En este sentido, el “shen” corresponde a la mente y está
particularmente relacionado con el corazón.
En segundo lugar “shen” es usado para indicar la esfera total de aspectos emocionales,
mentales y espirituales del ser humano. En este sentido, no solo esta relacionado
con el corazón, sino que abarca los fenómenos emocionales,
mentales y espirituales de todos los demás órganos, especialmente los “YIN”.
Cada uno de los 5 órganos YIN esta relacionado con un cierto aspecto mental.
Estos son:
- la mente (Shen) con el corazón
- el alma etérea (Hun) con el hígado
- el alma corpórea (Po) con el pulmón
- la fuerza de voluntad (Zhi) con el riñón
- el pensamiento (Yi) con el bazo
El pensamiento (Yi) reside en el bazo y corresponde a nuestra capacidad para
Pensar, estudiar, concentrarnos y memorizar.
Mientras que el “shen” que reside en el corazón corresponde a la mente,
el “shen” que indica el conjunto de aspectos mentales y espirituales de un ser humano
corresponde de forma mas apropiada a "espíritu".
En algunos casos la palabra “shen” es usada por los clásicos de la “mtch” para indicar
el aspecto exterior de algo, por ejemplo, el “shen” de una cara indica su aspecto
de vitalidad.
Se dice que una lengua tiene "espiritu" (shen) cuando su aspecto es vital,
brillante y resplandeciente.
Observamos que no difiere mucho el “shen” y el “yi” chino con el “sem” y “yid” tibetano.
En el caso occidental, parece que derivaron sem en la raíz del semitismo y el yid en la raíz del judaísmo.
Pongamos un ejemplo, imaginemos que en china hay un conflicto ideológico y se separan en dos partes, los seguidores del yin y los seguidores del yang, ambos tomarían su nombre del lado elegido, es decir, los seguidores yin serian “yinianos” y los otros los “yangianos”, por ejemplo, dividiendo así un conocimiento arcano que con el tiempo terminaría por perderse totalmente, debido mas a las rivalidades que al paso del tiempo.
¿Pudo suceder esto con los semitas y los judíos?
¿Pudo perderse el saber sumerio debido a una separación o división ideológica posterior?
Por que no.
En la Biblia podemos leer:
Nuestras fatigas no serán en vano, pues entenderemos el temor de Yahveh,
esto es, sabremos cómo hemos de adorarle y servirle, y hallaremos el conocimiento de Dios
(v. 5), el cual es necesario para que nuestro temor de Dios sea como debe ser.
También sabremos cómo conducimos con los hombres (v. 9),
pues entenderemos las tres cualidades que proceden de la sabiduría:
justicia, juicio y equidad (comp. con 1:3), que corresponden a nuestras relaciones con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos y vienen a equivaler (leyéndolos a la inversa) a «sobria, justa y piadosamente» de Tit. 2:12.
Justicia (hebreo tsédeq) es la cualidad que regula nuestra relación con Dios.
Juicio (hebreo mispat) equivale a la «honradez» en nuestro trato con los demás
Equidad (hebreo mesharim, de yashar = recto) expresa la «rectitud» personal.
Parece que ya en el antiguo testamento se referían a estos términos similares a los citados anteriormente, y con las palabras señaladas en hebreo, pero añadiendo una tercera.
¿Acaso se han olvidado de ella los masones?
Lo dudo.
Como ya mencione anteriormente, en la hora de la construcción del templo de Salomón, el gran sabio coordinador supuestamente asesinado “a posteriori”, utilizaba 3 escalafones para denominar a los trabajadores subordinados, eran los aprendices, pares y maestros.El grupo de aprendices era conocido como Boaz, el grupo de pares como Jachin y el grupo de maestros como Jehová, es decir, existían 3 clases de trabajadores, 3 clases de personas.
Entonces podemos realizar la siguiente comparación, si tsédeq, sedek, zadok, o justicia vista como la cualidad que regula nuestra relación con dios era el verdadero significado de los Jachin.
Mispat o Juicio o lo que equivale a la honradez en nuestro trato con los demás, era la clave de los Boaz.
Por lo tanto deducimos que Equidad, o mesharim en hebreo, de la raíz yashar, y que expresaría la rectitud personal, definiría el comportamiento de los Maestros o Jehová.
Por esto me atrevería a afirmar que el símbolo de las columnas masónicas tienen algo mas que ha escapado a muchos ojos, y es que por encima de estas dos, de los jaquin y boaz, se encuentran los Jehová.¿Y cómo es representado por los masones?. Nos basta con observar algunas ilustraciones
Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.Revista digital Revestidos
www.chusilmarillion.com y http://www.quediario.com/blogs/11945/ Gijón, Asturias
chusilmarillion@hotmail.com
A ese respecto lo único que podemos es estudiar las historias antiguas, pero de manera que las conclusiones no estén condicionadas por nuestro subjetivismo.
Con esto quiero decir que si uno busca dioses venidos de un planeta lejano que volaban por aquí y que nos crearon para su comodidad, lo encontrará.
Si uno busca extraterrestres superiores llenos de sabiduría y tecnología, lo encontrara también.
Si buscas mitología y leyenda existente únicamente en las mentes de los habitantes de la época, será lo que hallarás.
Con toda certeza, uno solo encuentra lo que busca y a veces solo buscamos donde hay luz porque en la oscuridad puede haber cosas que no nos gusten.
Yo trato de darle a todas estas teorías una visión global y objetiva, desde la lógica mas pura, barajando las posibilidades y quedándonos con lo mas plausible, es decir, buscando los inicios, las coincidencias, los hechos y poniéndonos en el lugar de aquellas personas que lo vivieron, no poniéndonos en nuestro lugar, interesado únicamente en hallar quimeras, y si no las encontrásemos, especular a cerca de un lugar donde pueden haberse escondido.
Es curioso lo fácil que es encontrar nexos entre todas las religiones y creencias arcanas occidentales, ¿pero que ocurre con los orientales? ¿Es su religión distinta? Si
Las creencias chinas, tibetanas difieren en muchos puntos.
Por ejemplo, los tibetanos no creen en un dios supremo, al menos no como entidad, sino como un estado.
Buda emplea dos palabras. La primera es Nirvana, Iluminación. Cuando Buda se Iluminó eso fue la Iluminación, el Nirvana. Después de cuarenta años dejó el cuerpo. A esto él le llama el Nirvana absoluto, el Mahaparanirvana. Entonces se convirtió en un Maestro de Maestros y ha seguido siendo un Maestro de Maestros.
Esto difiere un poco con el señor todopoderoso y omnisciente estándar, pero aun así encontramos muchas similitudes entre el relato de Buda y el del nuevo testamento.
Según “el segundo Mesías”, de C.Knight y R.Lomas:
Las columnas masónicas del templo de Salomón reciben el nombre de “jaquin” y “boaz”.
Estas en hebreo, eran “sedek” y “mispat”, siendo la primera también conocida como “zadok”, cuyo significado era “justo”. Santiago era apodado de esta manera, “el justo”, hermano de Jesús, ejerció de obispo de Jerusalém y supuestamente fue enterrado bajo esta columna en el templo de herodes, después de ser asesinado.
Por no hablar de la aparición de nombres que solo creía existentes en las religiones antiguas mesopotámicas o hebreas. Veamos a continuación una recopilación de datos basados en la búsqueda en varios lugares de términos como “yad y sem”, palabras salidas de los sumerios que designaban unos extraños objetos que utilizaban los dioses, descritos de igual manera que fueron construidos los obeliscos egipcios.
Según “el legado perdido de María Magdalena”, de Margaret Starbird:
Estas columnas eran Jachin y Boaz, que significaban “cimentado en la fuerza”.
Según “el 12 planeta”, de Zecharia Sitchin:
Las deidades de la época sumeria utilizaban unos “MU” para volar por el cielo y el espacio. Esto tenia como traducción “aquello que se eleva recto” y que después fue “aquello por lo cual se le recuerda a uno”
Despegaban en una especie de cohetes que llamaron “yad” y “shem”.
El yad era representado como un pilar terminado en punta piramidal y su significado principal era “mano”.
El shem era representado como un pilar terminado de manera redondeada, u ovalada. Su significado era “nombre”, pero al igual que shamain (“cielo”) provenían de la raíz shamah que seria “aquello que esta en el cielo”.
También se llamaron Naru (“piedras que ascienden”) por los Sumerios, por los Asirios, Acadios y Babilonios.
Nuras (“objetos ígneos” en hebreo ner significa “pilar que desprende luz”, actualmente significa “vela”) por los Amurrus.
Hu-u-ashi (“pájaro de fuego de piedra”) por los Hurritas e Hititas.
Imagen egipcia en la que aparecen representados los “yad” y “shem” como eran vistos por los sumerios.
Hemos de observar que la columna terminada en punta es similar a un cohete espacial, donde la otra columna con líneas y figuras seria la plataforma de despegue.
Eso explicaría el sarcófago, que no seria otra cosa que el traje espacial, y las vendas previas serian el traje interior, todo ello para llevar a una persona a los cielos.
¿Que otra cosa puede significar esta imagen?, ¿Y si no tiene verdadera importancia, porque plasmarla?
Según Michael Baigent y Richard Leigh en “Masones y Templarios”:
Durante la construcción del templo, el rey Salomón mandó llamar a Hiram, de Tiro, como arquitecto para la construcción del susodicho, aunque este también es nombrado como rey de Tiro.
Éste tenía a su servicio a multitud de empleados, tantos que se dividieron en tres grupos. Boaz era el grupo de aprendices, en honor a la primera columna;
Jachin el grupo de pares, en honor a la segunda columna;
Y el grupo de maestros era conocido como Jehová, al menos de manera inicial.
Teniendo esto en cuenta, debemos admitir que el hecho de que Santiago “zadok” fuera enterrado allí no tiene relevancia ninguna, respecto a que estas columnas ya habrían recibido su nombre en la época de su construcción.
La similitud de los relatos radica en que ambos personajes fueron asesinados, ambos estaban en posesión de un cargo importante, elevado, y ambos enterrados en el mismo templo.
Según Tenzin Wangyal Rinpoche, fundador del Lingmincha institute, en “El chamanismo original de la tradición bön po de tibet (Los cuatro caminos causales)”:
“Trabajar con el alma de vida y muerte, es el rasgo más importante de la cuarta manera, Sichen que contiene una explicación detallada del principio del la (alma), yid (mente), y sem (mente discursiva).”
"El la es el rastro kármico que se guarda en el namshe del kunzhi (o la conciencia baja). El sem sigue el rastro kármico y produce experiencias dichosas, dolorosas y neutras que son experimentadas por el yid."
Tenemos aquí una clara similitud entre “yad y sem” y “yid y sem”.
Según un compendio de palabras hebreas y judías:
Hebreo: Ivrí. Descendiente de Eber, nieto de Sem hijo de Noé, progenitor de los Semitas oriundos de la región del Éufrates.
Sem es utilizado como raíz o abreviatura de “Semítico”, “semitas” y demás familia.
Yid es la abreviatura de “Yiddish” que no es otra cosa que “judío”, tanto como nombre del idioma como adjetivo.
Según tratado de La Medicina Tradicional China:
La medicina tradicional china sostiene que el corazón es la residencia de la mente (Shen).
La palabra “shen” puede tener significados diferentes y en “mtch” (medicina tradicional china) se usa al menos en dos contextos diferentes.
En primer lugar, “shen” indica el conjunto de facultades mentales de las que se dice
que "residen" en el corazón. En este sentido, el “shen” corresponde a la mente y está
particularmente relacionado con el corazón.
En segundo lugar “shen” es usado para indicar la esfera total de aspectos emocionales,
mentales y espirituales del ser humano. En este sentido, no solo esta relacionado
con el corazón, sino que abarca los fenómenos emocionales,
mentales y espirituales de todos los demás órganos, especialmente los “YIN”.
Cada uno de los 5 órganos YIN esta relacionado con un cierto aspecto mental.
Estos son:
- la mente (Shen) con el corazón
- el alma etérea (Hun) con el hígado
- el alma corpórea (Po) con el pulmón
- la fuerza de voluntad (Zhi) con el riñón
- el pensamiento (Yi) con el bazo
El pensamiento (Yi) reside en el bazo y corresponde a nuestra capacidad para
Pensar, estudiar, concentrarnos y memorizar.
Mientras que el “shen” que reside en el corazón corresponde a la mente,
el “shen” que indica el conjunto de aspectos mentales y espirituales de un ser humano
corresponde de forma mas apropiada a "espíritu".
En algunos casos la palabra “shen” es usada por los clásicos de la “mtch” para indicar
el aspecto exterior de algo, por ejemplo, el “shen” de una cara indica su aspecto
de vitalidad.
Se dice que una lengua tiene "espiritu" (shen) cuando su aspecto es vital,
brillante y resplandeciente.
Observamos que no difiere mucho el “shen” y el “yi” chino con el “sem” y “yid” tibetano.
En el caso occidental, parece que derivaron sem en la raíz del semitismo y el yid en la raíz del judaísmo.
Pongamos un ejemplo, imaginemos que en china hay un conflicto ideológico y se separan en dos partes, los seguidores del yin y los seguidores del yang, ambos tomarían su nombre del lado elegido, es decir, los seguidores yin serian “yinianos” y los otros los “yangianos”, por ejemplo, dividiendo así un conocimiento arcano que con el tiempo terminaría por perderse totalmente, debido mas a las rivalidades que al paso del tiempo.
¿Pudo suceder esto con los semitas y los judíos?
¿Pudo perderse el saber sumerio debido a una separación o división ideológica posterior?
Por que no.
En la Biblia podemos leer:
Nuestras fatigas no serán en vano, pues entenderemos el temor de Yahveh,
esto es, sabremos cómo hemos de adorarle y servirle, y hallaremos el conocimiento de Dios
(v. 5), el cual es necesario para que nuestro temor de Dios sea como debe ser.
También sabremos cómo conducimos con los hombres (v. 9),
pues entenderemos las tres cualidades que proceden de la sabiduría:
justicia, juicio y equidad (comp. con 1:3), que corresponden a nuestras relaciones con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos y vienen a equivaler (leyéndolos a la inversa) a «sobria, justa y piadosamente» de Tit. 2:12.
Justicia (hebreo tsédeq) es la cualidad que regula nuestra relación con Dios.
Juicio (hebreo mispat) equivale a la «honradez» en nuestro trato con los demás
Equidad (hebreo mesharim, de yashar = recto) expresa la «rectitud» personal.
Parece que ya en el antiguo testamento se referían a estos términos similares a los citados anteriormente, y con las palabras señaladas en hebreo, pero añadiendo una tercera.
¿Acaso se han olvidado de ella los masones?
Lo dudo.
Como ya mencione anteriormente, en la hora de la construcción del templo de Salomón, el gran sabio coordinador supuestamente asesinado “a posteriori”, utilizaba 3 escalafones para denominar a los trabajadores subordinados, eran los aprendices, pares y maestros.El grupo de aprendices era conocido como Boaz, el grupo de pares como Jachin y el grupo de maestros como Jehová, es decir, existían 3 clases de trabajadores, 3 clases de personas.
Entonces podemos realizar la siguiente comparación, si tsédeq, sedek, zadok, o justicia vista como la cualidad que regula nuestra relación con dios era el verdadero significado de los Jachin.
Mispat o Juicio o lo que equivale a la honradez en nuestro trato con los demás, era la clave de los Boaz.
Por lo tanto deducimos que Equidad, o mesharim en hebreo, de la raíz yashar, y que expresaría la rectitud personal, definiría el comportamiento de los Maestros o Jehová.
Por esto me atrevería a afirmar que el símbolo de las columnas masónicas tienen algo mas que ha escapado a muchos ojos, y es que por encima de estas dos, de los jaquin y boaz, se encuentran los Jehová.¿Y cómo es representado por los masones?. Nos basta con observar algunas ilustraciones
Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.Revista digital Revestidos
www.chusilmarillion.com y http://www.quediario.com/blogs/11945/ Gijón, Asturias
chusilmarillion@hotmail.com
